domingo

Fue más que un crepúsculo, fue más que el silencio del bosque sonando en los oídos de dos extraños.
Fue la ruptura de la rutina.
Ahora, tienen mil y una historias guardadas bajo su piel, escondidas con cadenas. Ya no hay extraños, ya no hay crepúsculos y el bosque no suena más.

Un hombre puede hacer su vida de mil maneras, podría sentir, perdonar y hasta olvidar. Lo triste es cuando ya uno no forma parte de ninguna de esas opciones, cuando no hay un intento de olvido. Cuando el adiós fue tan brusco, fue tan diferente a lo que las despedidas suelen ser. Cuando un adiós realmente significa eso y no tiene ningún después escondido entre lineas.

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